Acoso y sus variables en el código penal

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Acoso código penal

En este artículo hablaremos sobre el acoso, su tipología y las medidas para tomar en el caso de sufrirlo. El término “acoso” viene a significar acción de perseguir sin tregua ni reposo a una persona o un animal (en el caso de este último para cazarlo). También se puede entender como atosigar, hostigar, perseguir, bombardear o fatigar, entre otros sinónimos.

Y es que hoy en día es difícil no sufrir acoso de cualquier tipo. Siempre se ha tendido a creer que es algo meramente físico, como puede ser el sufrido en ámbitos del trabajo o la escuela. Pero lo cierto es que el acoso está a la orden del día, ¿te suena eso de recibir llamadas insistentes (y a cualquier hora del día) por parte de tu operador de telefonía? ¿o por empresas de seguros que te quieren vender sus servicios? Estos son solo un par de ejemplos de lo que tenemos que aguantar diariamente. Obviamente estos serían casos “leves”, y no hay que perder de vista que el acoso es un tema muy serio, y en ocasiones lleva a situaciones muy complicadas, que incluso perjudica el normal desarrollo de la vida cotidiana de quien lo sufre.

Acoso código penal

El acoso está tipificado en nuestro código penal, cuya última reforma está datada en 14 de diciembre de 2017. En él se tipifican los diferentes categorías de situaciones que coartan la libertad de las personas, y así como su correspondiente castigo que pueden acarrear penas de cárcel. La sociedad está en constante cambio, y en ese sentido las leyes españolas siempre van por detrás a lo que está sucediendo actualmente. Pero poco a poco se van dando respuestas judiciales a las diferentes necesidades al respecto, incluyéndose en los últimos tiempos, por ejemplo las situaciones que tienen que ver con internet.

Casos punibles de acoso

Para saber si se está siendo víctima de una situación de acoso, y por ende saber si se puede denunciar antes las administraciones pertinentes, debemos conocer las variedades en las que se divide este tipo de conductas, que no tienen otro objetivo que coartar la libertad de las personas para conseguir un beneficio a cambio:

Acoso laboral

Es uno de los más conocidos por la mayoría de ciudadanos. También conocido como mobbing, su término en inglés. Y está relacionado con el acoso llevado a cabo en el ámbito del trabajo. Se produce cuando una o varias personas convierten en hostil la escena laboral de un compañero. Por ello hacen que su actividad no se pueda desarrollar con total normalidad al crear un ambiente hostil y de coacción alrededor de su persona, y de una forma injustificada. Esta violencia suele ser psicológica, y de manera constante e ininterrumpida en el tiempo. Aunque en ocasiones puede pasarse a los físico con accidentes “fortuitos”, provocando que el desánimo se produzca en él, lo que hace que el asistir a su puesto de trabajo sea algo incómodo, y que su actividad en la empresa se vea mermada, derivando en algunos casos en problemas de salud.

Acoso físico

Tiene relación con la persecución de manera ininterrumpida de una persona hacia otra, con el fin de entablar contacto de manera invasiva sin el consentimiento del otro. Se suele trabajar en ámbitos como los de la Sociología, la Psicología o el Derecho. Y es conocido actualmente por el término anglosajón stalking.

En lo referente a la Psicología se utiliza este término para determinar a las personas que tienen algún tipo de trastornos, y que por ello son susceptibles de espiar a su víctima, llamarla por teléfono constantemente y a cualquier hora del día, seguirla por la calle, enviarle cartas o cualquier otro tipo de mensajes, investigar su entorno, e incluso llegar a amenazar a la víctima con hacerle daño a ella o a sus seres cercanos. Esto está relacionado con una fuerte obsesión desarrollada hacia la otra persona, en muchos casos tras la ruptura de una relación sentimental. Aunque no todos los casos se corresponden con esto necesariamente.   

El hostigamiento también está relacionado con el acoso físico, pero no se corresponde con la obsesión, sino con buscar razones para hacer daño a su víctima obteniendo información personal para complicarle la vida, incluso haciéndosela imposible.

Esta tipología de acoso fue recogida por primera vez en el código penal en la Ley Orgánica 1/2015 de 30 de marzo (Título VI, Capítulo III). Así como la sociedad, las leyes de nuestro país van adaptándose a las necesidades de esta.

Acoso escolar

Es lo que la gran mayoría conocemos con bullying. Aunque siempre ha existido este tipo de violencia en las aulas de los colegios e institutos, es en la actualidad cuando se están denunciando estos casos. Como los del acoso laboral, provocan un gran malestar en quien lo sufre, haciendo que su rendimiento académico se vea mermado, al igual que su propia salud, derivando en casos muy extremos en suicidios. Este tipo de maltrato sistemático puede ser psicológico, físico y/o verbal y se producen de unos estudiantes hacia otros. Pueden ser uno o varios los hostigadores.

En los últimos años se han multiplicado los casos de violencia en las aulas a partir del auge de internet y las redes sociales, donde las víctimas son atacadas y ridiculizadas por cualquier pretexto, ya sea por su físico, su condición sexual, su situación personal, diversidad funcional, raza, etc. Muy relacionado todo con el ciberacoso. El perfil de estos acosadores suele ser niños y niñas que se encuentran en la pre-adolescencia. Aunque el porcentaje de víctimas se da más en niñas que en niños.

Las víctimas por miedo a represalias más fuertes contra ella, en muchos casos viven estas situaciones en silencio, estando las familias completamente ajenas a lo que ocurre en la vida de sus hijos.

Acoso sexual

Esta categoría es definida como “la situación en que se produce cualquier comportamiento verbal, no verbal o físico no deseado de índole sexual con el propósito o el efecto de atentar contra la dignidad de una persona, en particular cuando se crea un entorno intimidatorio, hostil, degradante, humillante u ofensivo”, por la directiva 2002/73/CE del Parlamento Europeo.

La concepción que tenemos de este tipo de violencia se remonta a la década de los 70, más concretamente en el informe El fenómeno de Anillos de Saturno (1973), de Mary P. Rowe. Esta tipología de acoso se produce en ambos sexos, sin embargo, la mayoría de denuncias es presentada por mujeres. El perfil de persona que suele cometer este tipo de delito es el de hombres que lo ejercen en entornos laborales, estudiantiles, académicos e incluso entre familia. Esta conducta está tipificada según su gravedad, y está castigada con pena de cárcel por quien la ejerce.

Para reconocer una situación de acoso sexual hay que saber que el abanico de actuación es amplio, y estas van desde molestias que perjudican el normal comportamiento y vida de la víctima, a abusos mucho más serios, recogido todo en el código penal. Sean cuales sean las agresiones ejecutadas por la parte que amedrenta a la otra, todas tienen la intención de terminar en actividad sexual.

Se suele llevar a cabo en ambientes como el laboral, donde existe una relación de confianza mutua entre ambas partes, y socialmente aceptable. Pero hay que estar prevenido/a antes una situación que tenga relación con los siguientes casos: contacto físico no deseado, comentarios lascivos, bromas o chistes de connotación sexual, disputas sobre la superioridad de sexo, propuestas de favores sexuales para mejorar profesionalmente, etc.

Acoso psicológico

Es un tipo de acoso que puede parecer un poco “invisible”, ya que no ejerce una violencia física, sino que se ejecuta a través de comentarios y descalificativos de una persona a otra, y sin embargo está más presente en nuestro día a día de lo que pensamos. La RAE lo define así: “Práctica ejercida en las relaciones personales, consistente en dispensar un trato vejatorio y descalificador a una persona con el fin de desestabilizarla psíquicamente”.

Los entornos en los que más lo podemos encontrar son los académicos y/o familiares. Son largos procesos donde la persona sometida a este tipo de violencia es atacada emocionalmente y de manera progresiva, alargada en el tiempo. Es muy habitual que la víctima no sea consciente de estos ataques hacia ella, y por consiguiente no entiende que sus derechos están siendo vulnerados, además de ser humillada.

Este tipo de agresión es muy habitual en lugares donde se está sometido a un maltrato doméstico. Además, la salud de la persona receptora de este odio puede verse muy mermada, incluso llegando a tomar la decisión de terminar con su vida.

Acoso inmobiliario

El acoso inmobiliario es definido por la Ley Catalana del Derecho a la Vivienda de la siguiente manera: “Toda actuación u omisión con abuso de derecho que tiene el objetivo de perturbar a la persona acosada en el uso pacífico de su vivienda y crearle un entorno hostil, ya sea en el aspecto material, personal o social, con la finalidad última de forzarla a adoptar una decisión no deseada sobre el derecho que la ampara para ocupar la vivienda“.

En estos casos se produce una situación de indefensión total entre los vecinos de un inmueble. Esto se da por ser complicado de demostrar que se está produciendo un abuso, y por la edad y/o nivel sociocultural de los inquilinos. Al ser personas de edad avanzada y/o ser personas con una renta baja no pueden permitirse contratar a un profesional para solucionar estos conflictos.

Los problemas no vienen solo en el aspecto interno de las comunidades, es decir por comportamientos impropios por parte de los vecinos, sino también por agentes externos como los especuladores urbanísticos. Los cuales se han hecho muy fuerte en la última década en nuestro país. La intención de éstos es hacerse con viviendas de baja renta o donde vivan personas mayores, para sacar un beneficio muy alto por ellas, o incluso utilizarlas como pisos destinados a turistas. Este tipo de acción tiene su origen en Estados Unidos durante los años ‘60.

Ciberacoso

También conocido como cyberbullying. Ya hemos hablado sobre él en el apartado del acoso escolar, dado que en la actualidad muchos de los ataques sufridos por menores en su ambiente de estudio vienen dados a través de las redes sociales. Además todas las tipologías de acoso anteriormente tratadas tienen una estrecha relación con las tecnologías, al estar éstas tan presentes en nuestras vidas.

Las tecnologías, y muy especialmente internet, han proporcionado a nuestras vidas mucha comodidad en muchos aspectos de nuestro día a día, como en el trabajo o en el hogar, como las redes sociales, las apps, el correo electrónico, Skype, Whatsapp, sms, etc. Han hecho que la comunicación y la instantaneidad se hayan convertido en nuestra forma de vida. Pero lo cierto es que el mal uso de dispositivos como el ordenador o el móvil, y de plataformas como los blogs, pero muy especialmente las redes sociales, están trayendo problemas al normal funcionamiento de nuestras vidas.

Es muy fácil acosar a una persona por estos medios, además de lo viral que se hacen todos los contenidos que compartimos, ya que pueden recorrer el mundo en cuestión de segundos. Lo que a priori podría ser algo muy positivo, cada vez está siendo peor utilizado por personas inexpertas como los menores. Ésto suben a la red vídeos, imágenes y/o información que pueden afectar a un tercero, víctima previamente de su acoso sistemático. Utilizando el mundo multimedia como un gran altavoz.

Aunque esto no es solo que se ciña a la violencia entre menores, los adultos utilizan estos medios también para contactar con la persona a la que hacen daño, enviándole mensajes, fotografías, vídeos, lanzando información (real o no) sobre ella, con el fin de desestabilizarla.

Cada una de estas categorías está tipificada en el Código Penal español, así como su correspondiente castigo por su infracción, por lo que recomendamos consultar con profesionales en la materia como los de ICIRED.

Trastorno por estrés postraumático

Este tipo de situaciones, ya sean prolongadas en el tiempo o no, dan lugar a una serie de conductas y trastornos como el de estrés postraumático (o TEPT). Es reconocido como un trastorno mental y como enfermedad dentro del grupo de trastornos relacionados con factores de estrés, producido por situaciones altamente traumáticas. Se reconoce a partir de una serie de síntomas muy específicos que derivan de esa situación vivida con anterioridad que provoca un daño físico o que genera una sensación de amenaza o terror constante en quien lo padece. También son susceptibles de este trastorno veteranos de guerra, personas que han vivido de cerca un atentado terrorista o víctimas de amenazas de muerte.

Este tipo de problemas es confirmado por un especialista, al aparecer un conjunto de síntomas producidos por el recuerdo de momentos perturbadores del pasado, motivados por esos acosos, en el tema que nos toca. Suele darse a modo de flashback, y permanece dormido en la mente del paciente durante algún tiempo antes de presentarse. Esto hace que esta persona pueda mantener una vida normal, ya que siente la opresión de lo vivido en esa experiencia. Lo recomendable en estos casos es acudir a un especialista de la psicología o la psiquiatría para mitigar estos daños.

Si necesita una información más personalizada sobre el tema, le recomendamos consultar con profesionales expertos en la materia en ICIRED.

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